29/11/2011 – 10 años sin George Harrison

Ya han pasado 10 años desde que un cáncer se llevó a George Harrison a otros mundos, a saber cuáles. En esta fecha tan destacada para los amantes de la música de The Beatles mucho se escribirá acerca de que era tímido, introvertido, obsesivo, despreciado por sus compañeros Lennon – McCarthney… y muchas cosas más, pero yo me voy a quedar con su faceta de innovador. Algo que hoy en día parece normal en esto de la música popular, pero que a mediados de la década de los 60 no parecía para nada algo importante. Bien es cierto que en otras ramas del arte (literatura, pintura, incluso música clásica) la innovación y la experimentación se encontraban a mediados de los 60 en su punto más álgido. Las llamadas “Vanguardias Históricas” habían hecho pedazos décadas antes los conceptos tradicionales del arte y habían arrasado con todo lo conocido, pero la música popular (o música rock), era apenas un bebé recién nacido y sobretodo un súper-negocio. Estar dentro de The Beatles te pone las cosas más fáciles. Dominar las listas de ventas siempre, conseguir todos los números 1 del mundo y ser más famosos que Jesucristo ayuda bastante si quieres hacer algo “diferente”, porque nadie te puede presionar a que cumplas con unas expectativas. Pero siempre me ha parecido que detrás de esa obsesión por experimentar con músicas e instrumentos de otros mundos se esconde una necesidad de llamar la atención. Porque ¿Cómo conseguir el reconocimiento o siquiera la atención de dos genios como John y Paul si no es mostrándoles algo totalmente desconocido? Tranquilos, esto no va a ser un ejercicio de psicoanálisis, pero no olvidemos que Harrison era el más pequeño de todos ellos. Al leer las declaraciones de The Beatles del fantástico tomo enciclopédico llamado “The Beatles Anthology” uno percibe en George Harrison un interés en todas las músicas e instrumentos diferentes (además de aquellos electrónicos que por entonces empezaban, véase el moog de Gerson Kingsley), también se puede ver un rechazo total por la mayor de las innovaciones en producción: la grabación por pistas. El guitarrista cuenta que durante la grabación de Sgt. Pepper se aburrió muchísimo durante las interminables sesiones en las que uno grababa y el resto miraba. Así no tenemos ante nosotros a una ratita de laboratorio, sino un músico directo, que siempre quiso grabar en directo.

Harrison nos dejó auténticas joyas que marcaron el camino a la brutal experimentación que vivió el rock desde finales de los 60 y que cristalizó en los llamados rock psicodélico y progresivo o sinfónico. Especialmente visionarias me parecen “Only a Northern Song” y “It´s all too much” (del disco “Yellow Submarine”), ambas tienen un sonido radicalmente moderno, brutal. Tal vez Lennon se vio más influido que McCarthney y también buscó sonido raros, efectos imposibles, instrumentos desnaturalizados… Pero dejarse influir (algo muy sano y muy propio del rock) no es lo mismo que haber tenido la primera idea, la raíz del asunto. Ahora que se cumplen 10 años de la muerte de este genio, su mujer y Martin Scorsese han lanzado este fantástico documental de tres horas con material inédito y será una buena oportunidad para volver a esos cines que no ponen más que películas de super héroes. Y mucho se dirá de Harrison, incluso quien quiere desacreditarle por temas como el de “My Sweet Lord”, la canción plagiada y el juicio perdido. Pero reconozcamos el valor de este guitarrista y compositor a la idea de: “componer algo diferente”, buscar y rebuscar por todas partes para no quedarme haciendo siempre lo mismo, y esa mirada a Oriente en lo que supuso el reconocimiento de otras músicas, de otros instrumentos igual de válidos igual de emocionantes e igual de fusionables con otras músicas, como la occidental. Sin embargo, para muchos George Harrison siempre será recordado por “Something” o “Here comes the Sun”, bellas canciones, pero las menos innovadoras de todas. Así es la vida.

Jordi Jendrix.