“Julito”, por Martín Epstein

Perfil: Martín Epstein

A Julio lo conocí en Rayuela. Ese hermoso país que inventó. Y a mí, en ese momento, se me hacía que lo había inventado sólo para mí, como una partitura a partir de la cual yo podía improvisar mis propios acordes. Recuerdo haber mantenido largas charlas con él, mientras Horacio y la Maga prolongaban sus silencios para que nosotros pudiésemos compartir, cigarrillos mediante, largas disertaciones. Fue él quien me llevó por primera vez a comprar un disco de jazz. ¿Quién otro podría haber sido? Junto a él lo escuché apenas llegué a casa.
Hace poco leí en el diario que hacía 20 años había muerto. Y me dije: Pero si me sigue escribiendo cada vez que agarro uno de sus libros; si me sigue llamado desde la biblioteca. No puede ser: juro que cada vez que pongo un disco de jazz, él y yo hablamos horas largas, lanzamos humo al aire y le damos unas buenas trompadas al tiempo.

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