El artículo que los fans de The Velvet Underground nunca querrán leer, por Johnny Libro

Perfil: Johnny Libro.

Efectivamente, en este texto vamos a intentar de desmontar la tendencia a pensar que los dos primeros discos de The Velvet Underground son los mejores de esta inconfundible banda. Para mí, lejos de ser los mejores, son un auténtico destrozo musical. Y no lo digo por los elementos experimentales contraculturales que constituyen su propia esencia y mito. ¡Qué va! Que nadie piense que vamos a criticar las guitarras desafinadas, los coros desajustados o la viola chirriante de John Cale. Soy consciente del ambiente vanguardista en el que fueron creados y de que ese sonido sucio es un propósito premeditado del grupo y no resultado de una carencia de recursos artísticos o creativos.

He leído un poquito -pero sólo un poquito porque los he escuchado cientos de veces desde mi tierna edad de 14 años y con eso me vale- acerca de estos cuatro discos de The Velvet Underground. Sí, digo cuatro, pero seguro que algún listillo me dirá que son 6, 8 ó 40, pero es que estoy hasta los cojones de que en las discografías de los grupos se incluyan directos de pésima calidad, compilaciones hechas a base de tomas alternativas o de pistas invertidas con pedos de Lou Reed. Insisto, los cuatro discos de The Velvet Underground, que son por este orden: “The Velvet Underground & Nico” (1967) -también conocido como “Banana”-, “White Light/White Heat” (1968), “The Velvet Underground” (1969) y “Loaded” (1970). Excepto éste último, todos fueron grabados un año antes de que se editaran (un dato de mierda para los que quieran entrar en una conversación gafapastosa y hacerse los interesantes).

Lo primero que podemos pensar al ver los títulos de los discos es que poner títulos a los discos se les daba peor aun que seguir el ritmo o afinar en los coros. Hum… parece que ya se me ha colado una cuchillada. Bueno, lo primero que hay que decir es que sin el mecenazgo de Andy Warhol probablemente nos hubiéramos quedado sin disfrutar de un genio: Lou Reed. Si este músico de aspecto taciturno no hubiera frecuentado los círculos contraculturales y vanguardistas de Nueva York nos habríamos quedado sin algunas de las mejores canciones del rock, y sin un compositor a la altura de Bob Dylan o David Bowie. Dicho esto puedo afirmar que para mí el único valor artístico de un mierda como Andy Warhol está en haber tenido la suerte de toparse con un músico excepcional. Todo lo demás en su vida y obra sobra. Sí, sí, ya sé que está en todos los libros de Historia del Arte y que es reconocido por toda la Movida Madrileña como el Popis más Popis del mundo, pero para mí cometió el mayor de los errores del mundo: “¡Manolete, si no sabes torear, pa qué te metes!“.

Seguramente lo peor de “The Velvet Underground & Nico” es Andy Warhol. En los créditos aparece como productor. He leído por ahí que es más un título honrífico que real, ya que no pisó mucho el estudio. Parece que el peso de la producción fue el bajista John Cale, y que Warhol ni siquiera acreditó a otros que trabajaron mucho en las sesiones de grabación como Norman Dolph, John Licata y Tom Wilson. Pero bueno, supongo que es lo que tiene ser un artista del más alto nivel. Nivel de mierda, claro. Una curiosidad de este disco: se editó bajo el sello de jazz Verve Records. Parece normal pensar que tardó mucho en salir a la venta por la temática: drogas, prostitución, sadismo, masoquismo… Y algunos temas más, pero que no eran peligrosos para la salud moral de los norteamericanos.

Pero vamos al grano. Aparte de obligar a colocar en el grupo a Nico -más modelo que cantante- y pagar las facturas, Warhol sólo dio libertad a la banda para hacer lo que le diera la gana. Y eso puede ser genial, o puede resultar un fracaso. Evidentemente hay productores dictadores que se empeñan en desmostrar al mundo que su sensiblidad ha moldeado el talento creativo de sus músicos, pero también hay productores que, por experiencia, saben sacar lo mejor de cada composición. He aquí el error de “The Velvet Underground & Nico”. Todas las canciones son obra de Reed, dos de ellas junto a John Cale, y Sterling Morrison y Moe Tucker aparecen como coautores de la última “European Son”. Digamos que Reed es el alma creativa de este disco (así como los siguientes), y desde luego deja entrever la enorme capacidad para componer con un par de acordes sencillos y unos coritos amables. De lo que podría ser uno de los mejores discos y más influyentes de la Historia del Rock, se queda en una obra de art-rock de culto para nostálgicos de atención y bohemios de Don Simón. “Sunday Morning”, “Waiting for the Man”, “Femme Fatale”, “Venus in Furs”, “All tomorrowns Parties”, “Heroin”, “I´ll be your Mirror”… Es increíble la cantidad de temazos, en forma y contenido que Reed había acumulado hasta esta grabación. No sólo los temas que tratan son revolucionarios, sino también la forma compositiva. Sin embargo la producción es un desastre, una pseudovanguardia aburrida, mal hecha… Un invento que casi destroza todas esas impresionantes canciones. He aquí el crítico que se cree que sabe más que el propio autor. Estoy seguro que a Lou Reed le encanta el resultado del disco y lo ve insuperable. Hablamos de un tipo que acaba de sacar un disco con Metallica y que se acerca peligrosamente al productor de jazz John Zorn. Pero dejemos a Lou Reed y sus conciertos para perros y hablemos de Lou Reed -sin contar con él, claro.

Mi relación con la música de Lou Reed es contradictoria, a veces le adoro y le considero un genio, otras me parece un estúpido y sus canciones aburridas. Pero desde luego es un tipo con suerte. Años más tarde se topó con un tal David Bowie, y le produjo el mejor disco de su vida: “Transformer“, pero eso es otra historia. En 1968 salió al mercado el segundo disco de The Velvet Underground bajo el sugerente título “White Light/White Heat”, con un poquito más de lo mismo (drogras, sexo y rock&roll), pero sin Nico y sin Warhol. De este disco no pienso mencionar temas como “The Gift” o “Sister Ray”, ya que más que música son literatura con un poquito de ruido y están en la línea que tanto gustaba a Cale y Reed del movimiento literario conocido como “Beat Generation” y queremos demostrar al mundo lo raro que somos y lo vulgares que son el resto porque no nos entienden, o no les gusta lo que hacemos -ahora, como les empiece a gustar dejamos de hacerlo. Pero ahí va una perla: “Me gusta pensar que Sister Ray es un travesti traficante de heroína. La situación es que varios drag queens se llevan a varios marineros con ellos a su casa, les dan heroína y tienen una orgía que termina con la llegada de la policía“, Lou Reed describe la canción “Sister Ray”, y me imagino a Alaska y a Almodóvar con el chichi haciendo pepsicola. El productor Tom Wilson dijo: “cuando terminen, avísenme“, en referencia a una sesión de grabación insoportablemente vanguardista, seguramente se fue a tomar un café o a fumarse un chino de heroína. Perlitas compositivas de Reed destrozadas en este disco: “Here She Comes Now” y “I Heard Her Call My Name”, una pena.

Y a partir de aquí llegamos al cambio. Los auténticos fans de The Velvet Underground no soportan la distancia musical que “parece” separar los dos primeros discos de los dos últimos. En “The Velvet Underground” (1969), desaparece John Cale, peleado con Lou Reed, vete a saber por qué -tal vez porque se dio cuenta de que le estaba arruinando sus buenos temas, eso lo dejo ahí. A cambio llega Doug Yule lleno de buenas intenciones. Bien, bien, vamos a hablar de innovación. Parece que Lou Reed quería realizar otro tipo de viaje, con menos ruido y más intimidad. Y lo consiguió con un trabajo único, fabuloso, lleno de sutilidad y espiritualidad. Quizá de tanto meterse e irse de putas, Lou Reed había visto la luz y se exigió un cambio, sólo a simple vista porque la delicadeza de sus composiciones siempre estuvo allí (“I´ll be you Mirror”, “Sunday Morning”, “Here She Comes Now”), pero siempre mal producida, siempre mal entendida. “Candy Says” abre este disco y es auténtica vanguardia. Alguno me dirá que es una balada ñoña y estúpida pero yo digo que el 1969 es vanguardia empezar un disco de rock con una balada, y también compositivamente es magistral: la secuencia de acordes es única, casi imposible, melódicamente llena de ternura. Lo lógico hubiera sido comenzar con “What Goes On”, más movida, más animada, más rockera, más single… pero no. “Some Kinda Love”, es una canción genial estupendamente producida: tan íntima que parece que Reed nos está susurrando al oído. “Pale Blue Eyes”, “Jesus”… parece que estamos despertando de una juerga infernal.

Por último llegamos a “Loaded” (1970), según varios sitios en los que he leído: “el disco más comercial de The Velvet Underground“, con ese matiz despectivo que tanto gusta a los expertos en música. Lanzado un mes antes de que Lou Reed Dejara su propia banda en manos de Doug Yule, es un disco lleno de composiciones espectaculares y que tiene una de las caras A más memorables de toda la Historia del Rock: “Who Loves the Sun”, “Sweet Jane”, “Rock & Roll”, “Cool it Down” y que culmina con “New Age”. Llámenme gilipollas o analfabeto, pero para mí ahí esta la auténtica innovación y experimentación. Vanguardia no tiene por qué ser hacer ruido, llevar al límite las cualidades de un amplificador, desafinar la guitarra lo más que se pueda o tocar cada uno una cosa diferente sin ritmo ni causa alguna. La experimentación puede estar en buscar sonidos mediante la producción, en crear ambientes y sensaciones, en componer con secuencias de acordes inesperadas… Todo esto lo encontramos en “Loaded”, el disco más comercial de The Velvet Underground.

Y es que al final este artículo no sólo no gustará a los auténticos fans de The Velvet Underground, sino que el propio Lou Reed renegaría de él. Pero ahora que se ha pasado a metal, que podemos decir… ¡Suerte de haberte conocido! (en los 70). Y ahora, venga, a ver si alguien se atreve a comentar lo cojonudos que son los primeros discos de este grupo.

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