Una receta de Hammond a cargo del Dr. Lonnie Smith, por Johnny Libro

Perfil: Johnny Libro.

Cuando el rock toca fondo y sus clichés se repiten de un grupo a otro, la originalidad queda en segundo plano y el estilismo y la actitud son lo único importante, es un alivio descubrir discos recientes de jazz cargados de energía. Quién lo diría, pero en casi un siglo de existencia el jazz no ha perdido un ápice de energía, mientras el rock parece ya un mierda descomunal repetitiva y encorsetada gracias a todos estos productores de peluquería y músicos niños de papá. Así es. Menos mal, como digo, que hace muy poco tuve el placer de asistir a la consulta del Doctor Lonnie Smith, un teclista de órgano Hammond que pasa consulta todos los días de la semana y a cualquier hora que le necesitemos.

Lo hice a través de su último disco: Spiral (Palmetto, 2010), y descubrí que no es precisamente un chaval, (nació en 1942). Lo primero que me impactó fue su pinta. Sí, qué banal, ¡vaya gilipollez! Pero es verdad, señores. Ya no hay artistas de rock cuya pinta me impresione porque todos buscan llevar la pinta más escandalosa y repulsiva, o a la inversa: parecer los tipos más normales del mundo. En resumen, siempre vacios de contenido.

El Doctor Lonnie Smith es colegiado en medicina por título propio, sin que ninguna Universidad de pacotilla (tipo la Universidad Complutense) tenga que estampar su firma sobre un papel para convalidarlo. Se graduó con honores en la década de los 60 junto a un tipos como Geroge Benson, Joe Lovano o Lou Donaldson. El fabuloso turbante que viste no se debe sólo a criterio estéticos, forma parte de su religión: el Sijismo, a la que se convirtió en los años 70.

Tras esta reseña volvemos a Spiral (Palmetto, 2010), un disco que me encantó desde la primera nota. Aquí el que manda es el Dr. Lonnie Smith (órgano hammond), y Jonathan Kreisberg (guitarra) y Jamire Williams (batería) tienen claro su papel de actores secundarios. Los britales cambios de intensidad y el dominio absoluto de los recursos de este impactante intrumento confieren a este disco una energía apabullante. Tampoco Kreisberg es manco. A pesar de que su rol de acompañante es imprescindible dado el absolutismo melódico de un instrumento como el hammond, goza de escenas de protagonismo que imprimen más intensidad al disco que los últimos 4.000 discos de rock del mercado (como en I´ve never been in love before). Algunos temas son más jazz clásico (llamémoslo así para que algún entendido de jazz se ponga nervioso y saque a relucir su infinito conocimiento en la materia), otras más vanguardistas, y la mayoría con un ritmazo más próximo al funk que al jazz (si es que sirve de algo seguir hablando de estilos). Mucho ojo también a las baladas como Frame for blues.

Conclusión: ¡Qué putada!, el rock que todo lo sabía, que tanta energía tenía, que tan bien había asilimado lo mejor del jazz para convertirse en una bestia musical, se ha visto superado por el maestro. Personalmente ya he cambiado de médico, nunca volveré a la Seguridad Social española, me quedo con la receta de hammond del Dr. Lonnie Smith.

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