“Los Indignados (una cuenta atrás)”, capítulo 43

CAPÍTULO 43

Y… ¿Cómo se llama nuestro borracho? ¿Cuál es el nombre de este particular personaje con el que hemos comenzado? Pues, tiene el peor y más estúpido nombre que haya habido o vaya a haber en esta historia: Aldo Caldo. Este joven es flaco y desgarbado, algo falto de luces, y de hecho no se ha enterado de nada. Vamos, que nada le parece extraño. Él camina como siempre, camino de su casa, de la casa de su anciana y minusválida madre, y ni tan siquiera se percata del humo, las llamas, los gritos, el vuelo raso de los buitres, los cambios de temperatura y, ahora, el calor insoportable de tres días seguidos a las 12:00 de la mañana.

Cualquiera puede pensar que nuestro querido Aldo no está muy lejos de ser tonto, pero el que no está muy lejos de la verdad es el que lo así lo piense. Mientras observa una montaña de coches ardiendo, Aldo piensa “¡Qué curioso!”. Cuando ve a su paso amas de casa cargando contra un militar, Aldo piensa “¿esto es lo que llaman violencia doméstica?”. Y un montón de estupideces parecidas que me ahorro expresar porque me aburren.
Bueno, pues ahí va Aldo Caldo y se sienta tan tranquilo en una parada de autobús a esperar a que venga. Sí. Ya puede esperar. Mientras lo hace, el gran bloque de oficinas que tiene enfrente se desploma, y el tío va, se cubre y cuando el polvo termina de esparcirse, se vuelve a sentar. Ahora, eso sí, es de reconocer, el tío tiene la sangre más fría de este planeta. Y nada… sigue ahí y sigue y sigue… sin moverse, esperando que la línea de autobuses, a pesar de que le estén tirando bombas de hidrógeno al cielo, funcione con total normalidad.

Ante semejante espectáculo de exaltación al aburrimiento, soberbia celebración de culto a la parquedad y la desidia, me veo en la obligación de intervenir (cosa que no me gusta para nada) y acercarme al tal Aldo Caldo con el objetivo de que su vida tome algo de acción. Le digo que la línea de autobuses no funciona, y el tipo me responde: “¿Por qué?”. Yo le digo que hay huelga indefinida. No me voy a dedicar, llegados a este punto, a explicarle todo lo sucedido. “Sí, sí… claro… huelga indefinida”, me dice. ¡¡Encima!! ¡Sólo le falta tirarme una pelotita y decirme que corra a por ella! ¡Que te den por el culo! Lo que no voy a hacer es perder el tiempo con semejante capullo. Sí, sí… si yo estaré gilipollas, pero vamos, la carretera está llena de escombros, de cristales, de llamas, de cadáveres… ¡Que hay tantos que por ahí no puede circular nada! ¡Capullo de mierda! Pero, ¡qué va!, los conductores de autobuses son tan majos y tienen tal apego a su profesión que aunque nada en la ciudad funcione, ellos se siguen levantando a las ocho de la mañana…

Y justo en ese momento, aparece un autobús de la línea 44. Para y recoge al capullo de Aldo. A lo lejos se va el vehículo, con su único viajero, esquivando rocas y coches ardiendo… y… ¿A dónde diablos irán?

Leer más capítulos de “Los Indignados (una cuenta atrás)”.
Acerca de “Los Indignados (una cuenta atrás)”.