“Consuelos”, por Martín Epstein

Perfil: Martín Epstein

Incluso podría haber sido peor. Aunque no estoy seguro, siempre todo puede ser peor; tal vez sea un consuelo y, en definitiva, todo se haya desarrollado de la peor forma posible. De todas formas, siempre guarda uno la esperanza (no sé si llamarlo esperanza, tal vez sea sólo una mera forma de la intuición, o ni siquiera, y sólo sea una manera de alivios para el orgullo, para la conciencia) de que no se produjo (el hecho que sea en cada caso determinado) de la peor manera posible, que una pequeña victoria se le pudo robar al fracaso, a la derrota. Porque si estamos pensando que algo podría haber sido peor, estamos hablando de algo que fue mal y, por lo tanto, podemos hablar de un fracaso o derrota; o al menos hacer un cómputo negativo en el balance de nuestras existencias. Claro que hay distintos grados de derrotas o, para ser más prudentes, lo llamaremos de negatividades: los grados están teñidos según la cercanía con que nos afecte, siendo el peor el que nos afecta directamente. Dentro de estos últimos, digo, los que nos afectan directamente (sea personalmente o como miembros de un grupo de N integrantes), también hay distintas gradaciones – que a su vez se ven cruzadas por mil y una circunstancias (desde el momento anímico en el que sucede, hasta la estación del año en que sucede) – que ya son de valoración mucho más personal (un mismo problema, como también llamaremos a las negatividades o derrotas, afecta de manera distinta según el individuo, según la presión del medio (teoría darwiniana del fatalismo) y según otros parámetros que varían de país en país, de región en región, de hora en hora y así hasta un infinito de posibilidades de clasificación de afectaciones). Una de las maneras más generales que se usan, como una convención, es el tiempo que una persona promedio (según segmentos etarios, por países, zonas, y niveles variados según las distintas Escuelas de clasificación de problemas) necesita para superar el mal trago. En realidad, para ser justos debemos decir que toda la ciencia que rodea a esta problemática está aún en pañales y que, sinceramente, no creo que pueda salir del estado infantil, por llamarlo de alguna manera. En fin, que, intentando tomar distancia, de evaluarlo lo más objetivamente posible, creo que la derrota de Boca pudo haber sido peor.

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