Lee Ranaldo: La superación de la postadolescencia sónica.

leeranaldo

No es que me guste demasiado porque refleja mi falta de compromiso pero soy
una persona de canciones, ¡no de discos! Me cuesta entender un disco como
piezas separadas y me cuesta también encontrar discos de esos que
cohesionan del todo y que te hacen disfrutar desde el principio hasta el
final, del tirón y en el orden que se editaron. Cuando eso pasa… ¡mola!
Cuando encuentras un disco entero, que te llena: mola.

Y la última vez que esto me ha pasado ha sido con “Between The Times And The Tides” de
Lee Ranaldo. No era de esperar menos cuando, aún siendo fan incondicional
de toda la discografía de los neoyorkinos sónicos, mi canción favorita no
deja de ser “Mote” o “Hey Joni”, donde la voz de Ranaldo suena como un eco
de la radio, cómo los sónicos saben hacer también con la de Kim Gordon y
cómo suenan en varios puntos de este discazo. A finales de 2011, Kim Gordon
y Thurston Moore anunciaban su divorcio, después de casi 30 años de matrimonio y de trabajo en común, el estacazo para el gossip del indie era brutal, sobre todo, porque todos esperábamos
que el Titanic del noise se partiese en dos y la familia quedase
dividida en dos, con lo que eso iba a suponer para nosotros, los fans.
Recibir caramelos de unos y de otros hasta que fuésemos capaces de tomar
partido!

Y así ha sido, durante el año pasado vi a los sónicos (menos a
Kim, cuyo concierto en La Casa Encendida directamente se me olvidó, vean
ustedes el interés que tenía una) por separado y medio juntos, es decir:
Thurston dio un concierto en La sala Marco Aldany de Madrid que fue raro…
aunque el respeto a este hombre me inunda, no podía dejar de ver su figura
quebrada y lánguida como algo que se imbuía de cierto patetismo, venía solo
con una banda rara, que parecía que imitaba a Sonic Youth, Thurston hacía
solos a ciegas y buscaba una replica en el resto de “su banda” que no
acababa de hallar, se le veía perdido sin la contundencia de los coros de
Kim, hastiado por un batería *algo lento* y totalmente perdido sin su
sombra de pelo blanco. Al salir del concierto la sensación era clara: a
Thurston le faltaban Sonic Youth, tocaba cojo y sus distorsiones se hacían
incoherentes e ilegibles.

Un par de meses después salió a la venta “Between
The Times And The Tides” (cuyo título te hace meditar sobre lo bonito de
cara al público de la banda) un disco que enganchaba desde la primera
escucha y que nos daba todo lo que nos había faltado en nuestra cita
anterior. El nuevo disco de Lee Ranaldo, promocionado cómo tal y, en sus
propias palabras, “a self declaration”, era fresco. No era novedoso, no
venía a inventar nada, pero si venía cargado de la vitalidad del primer indie
y de la contundencia y la precisión ruidosa de las raíces del grunge. Se
atisbaban ecos de R.E.M. (que ya nos habían dado su consecuente varapalo
unos meses antes) y se reconocían las claras influencias del Neil Young más
optimista.

Durante un año lo he escuchado mes tras mes en el coche,
disfrutando y con las imposibles resonancias de “esto me suena al Goo” o
“esto es muy Sonic Youth”, el disco se desgrana como un puñado de arena
dejándonos lo mejor que le quedaba a la banda, Ranaldo y Shelley siguen en
forma o mejor dicho, siguen sanos. El pacto con el diablo de los sónicos a
cedido a favor de esta mitad de una realidad que hacía tiempo que no
encajaba. El “disco de madurez” de un sesentón me llega a mí justo cuando
los ritmos adolescentes han dejado de convencerme, cuando necesito
exactamente lo que nos dan estos dos hombres de intuiciones salvajes: indie
del de verdad, del de los 90! Del que ya no se hace.

El directo en el
Optimus Primavera acabó de convencerme de que áquel era el disco del año, y
sólo estábamos en el mes de mayo. El directo de anoche en el teatro Lara de
Madrid, la soltura con la que Lee, sigue marcado el ritmo, la
compenetración con un batería que sigue tocando a martillazos, con los
ritmos americanos que a mí me hacen vibrar, su dominio de las tablas, nada
falla en un concierto suyo y lo que fallaba hace dos años: se acabó.
Evolucionar es un placer y cuando uno lo hace en paralelo a la banda que
ama es un éxito.

Podría escribir durante horas sobre la calidez de Ranaldo pero eso es algo
que ya todos conocemos. ¡Vivan aquellos que saben hacerse mayores de una
vez! –aunque sea a los 60-

@doeisdoe